Llegué al mundo de la pintura como llegué a la música, la fotografía o la literatura: buscando nuevas formas de expresión que me ayudaran a comunicarme con mis semejantes. Esto es lo que siempre digo en las entrevistas. Porque la realidad es que pinto, escribo o compongo temas de rock para no quedarme dentro tantas emociones como me embargan, para no reventar, en definitiva. Y no voy a desarrollar aquí una abstrusa dilucidación acerca de lo que mis cuadros representan, para eso ya están esos pseudointelectuales del arte que contratan las revistas especializadas con el fin de que les escriban las críticas (casi siempre negativas, por cierto), porque básicamente mis cuadros simbolizan estados de ánimo más o menos influenciados por la música que escucho cuando pinto, y la música que escucho cuando pinto responde a un determinado estado mental de carácter transitorio. Es decir, que soy capaz de poner un disco de The New York Dolls a todo volumen si necesito ser agresivo y, acto seguido, cualquiera de la discografía de Nick Drake, si lo que busco es introspección. La música me hace imaginarme cosas, frecuentemente deformes e imprecisas, aunque no por ello exentas de significado para mí. Soy un franco tirador pictórico surgido del sótano de casa, voy por libre, por la acera de enfrente, camino cerca del lado salvaje, porque me salí de la tangente hace tiempo y ya no quiero regresar al redil. Pero, si tuviera que etiquetar mi estilo, lo clasificaría como bastante cercano al expresionismo abstracto con unos toques de agua salada y el fuego de las válvulas recalentadas de un amplificador Marshall puesto al 10. Para colgar en mi web, he elegido trozos de cuatro exposiciones que creo representan fielmente todo lo dicho arriba.
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Óleo sobre lienzo – 150 / 130 cm.
Flores mutantes, lluvia ácida, encrucijadas mentales de colores, células enfermas. El producto de mi visión del mundo. Era una obra que constaba de 25 cuadros, todos del mismo tamaño. Los ejemplares que faltan se vendieron, entre ellos el que era mi favorito y deseaba quedarme para los restos. Como ya me sucediera con la Gibson SG, me arrepentí y, tras localizar al comprador, le pedí que me lo devolviera. Lógicamente, se negó. El cuadro llevaba por título “La Mujer”, y nadie, incluido su actual propietario, sabe el motivo de tal calificativo. Pero ha llegado el momento de las revelaciones. Si amplias el cuadro con fondo naranja y manchas negras hasta donde tu ordenador te permita, percibirás, justo en el centro, la figura de una mujer sentada sobre su trasero, un poco inclinada hacia delante, con los brazos extendidos tocándose los pies. Recuerdo que intenté reproducirlo, pero fracasé, porque mis obras parten de impulsos impremeditados. Sólo me queda entrar en casa de ese individuo y robárselo. Ver Obras |
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Óleo sobre cartón rígido – 80 / 65 cm. Constaba de 30 cuadros elaborados a partir de óleo puro, sin mezclarlo con disolventes, para conseguir el efecto de tierra seca. No usé brochas, sino espátulas. Las formas que aparecen están “escarbadas” en la pintura. Creo que intenté reflejar cierta angustia existencial, individuos con el corazón del revés sentados de brazos caídos mirando al sol, ovarios de colores, el perro del ojo rojo. Aunque nadie entendió lo que trataba de expresar, tuvo una gran aceptación y se vendieron bastantes ejemplares. Conservo unos pocos.
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Óleo sobre cartón rígido – 86 / 66 cm.
18 cuadros llenos de anarquía cromática, capas y capas de pintura hasta conseguir medio centímetro de grosor, océanos putrefactos, peces muertos, flores corrosivas, furia interior volcada, no love; provocación. De nuevo, mi punto de vista de una civilización a la deriva y sin esperanza de redención: la nuestra. “Arte Degenerado” es la calificación que Hitler dio a las obras que no tendrían cabida, por ejemplo, en el Museo del Prado. Me enorgullece pensar que, a mí, me hubiera enviado directamente a un campo de exterminio, junto con mis cuadros. Uno de mis preferidos y que aún conservo es el que titulé “Don’t Kill The Whale” (No mates la ballena), extraído del disco “Tormato” de Yes, uno de esos grupos capaces de transportarme muy lejos de aquí. Ver Obras |
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Óleo sobre madera, cementos y materias orgánicas – 80 / 65 cm.
Aquí me salió la vena Tapies, a quien admiro profundamente, y a este tenor descubrí mi pasión por mezclar lo orgánico con óleos y disolventes. Los 25 cuadros que compusieron esta obra fueron elaborados con cementos y tierras, ramas de árboles secos, cuerdas, piedras y deshechos que recogí en la playa durante una bajamar. Me quedan unos pocos que guardo como si fueran un tesoro pues disfruté mucho creándolos y, aunque algunos amigos y conocidos que pasan por mi estudio preguntan si están en venta, les doy largas pues no quiero que me suceda lo que con aquella Gibson SG y el cuadro “La Mujer”. Ver Obras |
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