|
MUERTE DE UN FOTÓGRAFO DE SURF O DESPEDIDA A TALO BERAZA |
|
|
viernes, 08 de agosto de 2008 |
Ha muerto Talo Beraza, el primer fotógrafo de surf cántabro de la historia y probablemente también el primero del resto del país. En esta crónica describo los motivos que nos han mantenido unidos últimamente y lo que nos ocurrió la víspera de su muerte.
Es veintinueve de julio del dos mil ocho, y escribo esta crónica dos horas después de recibir una de esas trágicas e inesperadas noticias que convierten nuestros problemas en futilidades, lo imprescindible en innecesario y los egos humanos propios de la especie en absurdeces. “Soy Carlos Beraza y te llamo para comunicarte que mi primo Talo ha muerto anoche mientras dormía; como sé que últimamente habéis estado juntos por el tema del libro, quería que lo supieras cuanto antes”. Lo que sentí, un escalofrío que me recorrió la espalda como un chorro de agua helada que se cuela por el cuello del traje en invierno, acabo de describirlo al empezar el artículo. Sí, Talo y yo veníamos manteniendo esporádicos encuentros desde hace semanas, él me pasaba negativos para el libro HISTORIA DEL SURFING EN CANTABRIA 1962-2008 que estoy escribiendo, yo los escaneaba y luego se los devolvía. Durante las citas en su laboratorio, aprovechaba y le pedía que contara a mi grabadora sus peripecias como surfer y fotógrafo pionero del surf, cómo se las apañó para manufacturar aquélla rudimentaria carcasa o la forma en que por fin consiguió hacerse con un objetivo como el que usaban los fotógrafos de la revista SURFER que tanto admiraba. Lo que son las cosas. El viernes, día veinticinco, habíamos quedado en que hoy por la tarde me pasaría por su tienda de fotografía para devolverle otro lote de valiosísimos negativos. Mira, tío, yo sólo me considero dogmático en ciertos aspectos del surfing y del rock and roll. Por lo demás, no creo que haya otra vida mejor ni peor después de la muerte, no creo en deidades sobrenaturales, no creo en la buena ni en la mala suerte, no creo en las casualidades, en el azar ni en fantasías animadas de ayer y hoy. En cambio, creo en la nobleza y en la bondad de los animales llamados “irracionales”, en un selecto grupo de seres humanos cada vez más pequeño, en la equidad de la Madre Naturaleza y, sobre todo, en el destino, ese códice donde el día de nuestro nacimiento queda registrado junto a la hora exacta de nuestra muerte. Y el destino quiso que, un día, hace ya muchos años, yo decidiera convertirme en fotógrafo de surf, siguiendo los pasos de Talo. El mismo destino que me ha concedido el triste honor de ser legatario de buena parte de su obra, cientos de instantáneas en blanco y negro que permanecían guardadas en arcanos archivos desde hace más de treinta años. El destino, que no es ni caprichoso, ni tampoco cruel, simplemente hace lo que tiene que hacer, decidió que Talo estuviera entre nosotros el tiempo suficiente para él y yo volviéramos a reencontrarnos después de veinte años y que su recuerdo, sus obras y sus palabras, queden indeleblemente plasmadas en el libro que recogerá la historia de nuestro surfing. Todos esos chavales que pululan por las playas con una cámara digital a cuestas haciendo fotos que luego colgarán en un blog para disfrute de sus colegas, sin duda ignoran quien fue, quien es Talo Beraza. Baste explicarles que fue, que es un FOTÓGRAFO DE SURF, dicho sea con todas las mayúsculas, título que, como el de SURFER, no se regala porque cuesta mucho tiempo, esfuerzo, trabajo, dedicación, constancia, experiencia, viajes, sacrificios y buenos y malos ratos conseguirlo. También hay que oxidar algunas cámaras. Hoy es veintinueve de julio del dos mil ocho. Esta tarde había quedado con Talo para charlar de surfing y, de paso, devolverle unos negativos. Aún los llevo en el asiento trasero del coche.
|
|