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SURFER ICONOCLASTA CON RESACA |
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sábado, 11 de octubre de 2008 |
Para ti, con todo mi afecto.
Piensa en todas las tablas que hayas tenido y pregúntate si se han reído alguna vez de ti. ¿Se han reído? ¿Has escuchado sus crujientes carcajadas de foam y poliéster? ¿Nunca has pensado que las tablas de surf llegaron a ti para marcarte los límites entre la decencia y el ridículo, entre el lóbrego túnel de la vulgaridad y la luz del hecho diferencial, entre el SURFER que crees ser cuando vas sobre una ola, al que llamaremos X, el surfer que eres realmente, al que llamaremos Z, y la combinación X+Z que los demás perciben con toda la carga de subjetividad posible? ¿Y qué harías al respecto si, por ventura, llegaras a pensarlo? ¿Te prohibirías hacer surf para seguir con la venda ante los ojos y continuar siendo X por siempre jamás? ¿Te prohibirías ir a la playa con tu tabla sin alma fabricada por un robot? ¿Le quitarías las pegatinas con las cuales le amordazas dispuesto a oír sus burlonas risitas? No creo. El nivel Z no es cómodo y lo sabes. Además, si nos prohibiésemos todo lo que en definitiva sostiene nuestras existencias, el esnobismo, el fanatismo, el egocentrismo, el cretinismo, el oscurantismo, el fariseísmo, el autoengaño, la envidia o el miedo al ridículo de no ser menos que el menda de enfrente, todo el mundo tal y como lo conocemos se derrumbaría, los ejércitos, la policía, la Todopoderosa ASP, las iglesias, los ayuntamientos, los senados, las fábricas de armas, las fábricas de tablas, las distribuidoras de marcas de surf, los matrimonios, las escuelas, los laboratorios clandestinos de drogas, los periódicos, las cadenas de televisión, El Vaticano, el sexo; y no tendríamos rivales, ni opositores, tampoco enemigos, los ídolos de barro se derretirían, seríamos igual de iguales unos y otros. ¿Quién puede imaginarse un mundo sin pijos ni pobres, sin mataos del surfing ni Slateres, sin dictaduras ni democracias? Existen a mi juicio ciertas razones esenciales por las cuales impedimos a nuestro verdadero surfer (Z), ser consciente de la realidad (X). La consciencia total, o la no-distorsión de ésta, puede abocar a un surfer en sus cabales a perder el juicio, porque nuestras –desde un punto de vista universal– insignificantes vidas, se asientan sobre verdades falsas, es decir, una concatenación de los factores X+X+X+X…, y así hasta el infinito. Los manicomios están llenos de surfers cuerdos (X+X+X+X…) que fueron locos hasta que, un día, después de coger olas, decidieron abrir los ojos (Z) frente al espejo retrovisor de la furgo y se vieron tal cual: Z+Z+Z+Z… Las realidades no sanan, son nocivas, perniciosas para nuestra salud mental, pueden convertirnos en alcohólicos, drogatas o dementes que preferimos serlo para crear nuestros propios desvaríos a medida. La realidad transforma al ser humano en un animal desvalido que se caga de miedo ante la posibilidad de llegar al matadero de la certidumbre absoluta. Las mentiras, las cegueras y estar ciego, constituyen la felicidad (X). La verdad, salir del túnel de pegajosas sugestiones autoinducidas y ver la luz, nos enjaula y nos hace ser muy, muy desgraciados (Z). Los cimientos de la Todopoderosa ASP se tambalean cuando sus cachorros son pillados por los fans (K+Z) ebrios de gloria y fórmulas mágicas en los bares de Hossegor. A veces, miro alrededor y todo lo que veo me parece un mal viaje (X+Z+K+Q), todo este mundo, todo este tinglado, toda esta mierda. Entonces, antes de reventar de asco, me voy a la playa con mi perro y me siento a contemplar cómo rompen las olas. En una ocasión, me armé de valor y le pregunté a mi tabla porqué nunca se ha reído de mí. Me respondió que se ríe mucho de mí, pero que, como siempre voy escuchando a Ramones con los cascos encajados en la cabeza (X), no oigo sus carcajadas. |
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